¿Qué es el IoT? (internet de las cosas)

¿Qué es el Internet de los las cosas?

La Internet de las Cosas o IoT (Internet of Things) se refiere a los miles de millones de dispositivos físicos desperdigados por todo el mundo, o fuera de él, que están conectados a Internet, todos ellos recopilando y compartiendo datos. Gracias a la llegada de chips electrónicos baratos y a la ubicuidad de las redes inalámbricas, es posible convertir cualquier cosa, desde algo tan pequeño como una pastilla hasta algo tan grande como un avión, en parte de la IoT. Conectar todos estos objetos y añadirles sensores añade un nivel de inteligencia digital a dispositivos que de otro modo serían tontos, permitiéndoles comunicar datos en tiempo real sin la intervención de un ser humano. La Internet de las Cosas está haciendo que el tejido del mundo que nos rodea sea más inteligente y receptivo, fusionando los universos digital y físico.

Un ejemplo de dispositivo IoT

Prácticamente cualquier objeto físico puede transformarse en un dispositivo IoT si puede conectarse a Internet para ser controlado y/o comunicar información.

Una bombilla que se enciende con una aplicación de smartphone es un dispositivo IoT, como lo son un sensor de movimiento, un termostato inteligente en la oficina o una farola de iluminación pública conectada. Un dispositivo IoT puede ser desde un juguete infantil a algo tan serio y delicado como un camión sin conductor.

Algunos objetos grandes pueden estar repletos de muchos componentes IoT más pequeños, como un motor a reacción repleto de miles de sensores que recopilan y transmiten datos para garantizar su funcionamiento eficiente. A una escala aún mayor, los proyectos de ciudades inteligentes están llenando grandes superficies habitadas de sensores para ayudarnos a comprender y controlar el entorno.

El término IoT se utiliza principalmente para dispositivos de los que normalmente no se espera que tengan conexión a Internet y que pueden comunicarse con la red independientemente de la acción humana. Por esta razón, un PC no suele considerarse un dispositivo IoT, como tampoco lo es un smartphone, aunque este último esté repleto de sensores. Sin embargo, un smartwatch, una pulsera de fitness u otro dispositivo wearable sí podrían considerarse dispositivos IoT.

Historia de la IoT

La idea de añadir sensores e inteligencia a objetos sencillos se discutió a lo largo de los años 80 y 90 (y podría decirse que hay algunos antepasados muy anteriores), pero aparte de algunos proyectos iniciales -incluida una máquina expendedora conectada a Internet-, el progreso fue lento simplemente porque la tecnología no estaba lista. Los chips eran demasiado grandes y voluminosos y no había forma de que los objetos se comunicaran eficazmente.

Hicieron falta procesadores baratos y de bajo consumo para que fueran prácticamente desechables antes de que fuera rentable conectar miles de millones de dispositivos. La adopción de las etiquetas RFID -chips de bajo consumo que pueden comunicarse de forma inalámbrica- resolvió parte de este problema, junto con la creciente disponibilidad de Internet de banda ancha y redes celulares e inalámbricas. La adopción de IPv6 -que, entre otras cosas, debería proporcionar suficientes direcciones IP para todos los dispositivos que el mundo (o, de hecho, esta galaxia) pueda llegar a necesitar- también fue un paso necesario para que la IoT pudiera desarrollarse.

Kevin Ashton acuñó la expresión “Internet de las Cosas” en 1999, aunque la tecnología tardó al menos otra década en ponerse a la altura de su visión. “El IoT integra la interconexión de la cultura humana -nuestras ‘cosas’- con la interconexión de nuestro sistema de información digital -‘Internet’-. Eso es el IoT”, declaró Ashton a un medio de comunicación.

A pesar de los calcetines este tipo, Kevin Ashton, es uno de los grandes tecnoólogos de la actualidad.

Una de las primeras aplicaciones de la IoT fue añadir etiquetas RFID a equipos caros para localizarlos. Desde entonces, el coste de añadir sensores y una conexión a Internet a los objetos no ha dejado de bajar, y los expertos predicen que esta funcionalidad básica podría llegar a costar algún día tan sólo 10 céntimos, haciendo posible conectar casi todo a Internet.

En un principio, el IoT interesaba sobre todo a las empresas y la industria manufacturera, donde su aplicación se conoce a veces como tecnología máquina a máquina (M2M), pero ahora se hace también hincapié en llenar nuestros hogares y oficinas de dispositivos inteligentes, transformando el mundo en algo totalmente interconectado con una especie de sistema nervioso digital. Entre las primeras propuestas de dispositivos conectados a Internet se encontraban los “blogjects” (objetos que bloguean y registran datos sobre sí mismos en Internet), la computación ubicua (o “ubicomp“), la informática invisible y la informática omnipresente. Sin embargo, fue Internet de las Cosas – IoT lo que se impuso.

¿Es grande la IoT?

Grande y cada vez más grande: ya hay más cosas conectadas que personas en el mundo.

La empresa de análisis tecnológico IDC prevé que en 2025 habrá en total 41.600 millones de dispositivos IoT conectados, o “cosas”. También sugiere que los equipos industriales y de automoción representan la mayor oportunidad de “cosas” conectadas, pero también ve una fuerte adopción de dispositivos inteligentes para el hogar y wearables (vestibles) a corto plazo.

Todo tipo de aparatos se conectan continuamente a la IoT, que se hace cada vez más grande.

Otro analista tecnológico, Gartner, predice que los sectores empresarial y de automoción representarán 5.800 millones de dispositivos este año, casi una cuarta parte más que en 2019. Los servicios públicos serán los mayores usuarios de IoT, gracias al continuo despliegue de contadores inteligentes (estos son los que nos cobran la luz y el gas). Los dispositivos de seguridad, en forma de detección de intrusos y cámaras web, serán el segundo mayor uso de dispositivos IoT. La automatización de edificios -como la iluminación conectada- será el sector de mayor crecimiento, seguido de la automoción (coches conectados) y la sanidad (seguimiento de enfermedades crónicas).

¿Cuáles son las ventajas de IoT para las empresas?

Los beneficios del IoT para las empresas dependen de la aplicación concreta; la agilidad y la eficiencia suelen ser las principales consideraciones. La idea es que las empresas tengan acceso a datos sobre sus propios productos y sistemas internos, y por tanto una mayor capacidad para introducir cambios que mejoren los procesos.

Los fabricantes están incorporando sensores a los componentes de sus productos para que puedan transmitir datos sobre su rendimiento. Esto puede ayudar a las empresas a detectar cuándo es probable que falle un componente y a sustituirlo antes de que cause daños. Las empresas también pueden utilizar los datos generados por estos sensores para hacer que sus sistemas y sus cadenas de suministro sean más eficientes, ya que dispondrán de datos mucho más precisos sobre lo que realmente está ocurriendo.

El uso empresarial del IoT puede dividirse en dos segmentos: ofertas específicas para un sector, como sensores en una planta generadora o dispositivos de localización en tiempo real para la atención sanitaria; y dispositivos IoT que pueden utilizarse en todos los sectores, como sistemas inteligentes de aire acondicionado o seguridad.

Si bien los productos específicos de cada sector serán los primeros en llegar, para 2020 Gartner estima que que los dispositivos interprofesionales han alcanzado los 4 400 millones de unidades, mientras que los dispositivos específicos de sectores verticales vertical pueden ser unos 3.200 millones de unidades. Los consumidores compran más dispositivos, pero las empresas gastan más: según el grupo de analistas, mientras que el gasto de los consumidores en dispositivos IoT rondó los 725.000 millones de dólares el año 2019, el gasto de las empresas en IoT alcanzó los 964.000 millones de dólares.

¿Qué es la Internet de las Cosas Industrial?

El Internet Industrial de las Cosas (IIoT) o la cuarta revolución industrial o Industria 4.0 son nombres que recibe el uso de la tecnología IoT en un entorno empresarial. El concepto es el mismo que para los dispositivos IoT de consumo en el hogar, pero en este caso el objetivo es utilizar una combinación de sensores, redes inalámbricas, big data, IA y análisis para medir y optimizar los procesos industriales.

Cuarta revolución industrial: Industria 4.0, basada en IoT

Si se introduce en toda la cadena de suministro, en lugar de en empresas individuales, el impacto podría ser aún mayor con la entrega de materiales “just in time” (justo a tiempo) y la gestión de la producción de principio a fin. Aumentar la productividad de la mano de obra o ahorrar costes son dos objetivos potenciales, pero la IIoT también puede crear nuevas fuentes de ingresos para las empresas; en lugar de limitarse a vender un producto independiente -por ejemplo, como un motor-, los fabricantes también pueden vender el mantenimiento predictivo del motor.

¿Cuáles son las ventajas de IoT para los consumidores?

El Internet de las Cosas promete hacer nuestro entorno -nuestras casas, oficinas y vehículos- más inteligente, más medible y… más conversador. Los altavoces inteligentes como Echo de Amazon y Google Home facilitan la reproducción de música, la programación de temporizadores o la obtención de información. Los sistemas de seguridad doméstica facilitan la supervisión de lo que ocurre dentro y fuera, o ver y hablar con los visitantes. Mientras tanto, los termostatos inteligentes pueden ayudarnos a calentar nuestras casas antes de que lleguemos de vuelta, y las bombillas inteligentes pueden hacer que parezca que estamos en casa incluso cuando estamos fuera.

Más allá del hogar, los sensores pueden ayudarnos a entender lo ruidoso o contaminado que puede estar nuestro entorno. Los coches autónomos y las ciudades inteligentes podrían cambiar la forma en que construimos y gestionamos nuestros espacios públicos.

El hogar interconectado. Otro ejemplo de IoT

Sin embargo, muchas de estas innovaciones podrían tener importantes implicaciones, o directamente peligros, para nuestra intimidad personal.

Para los consumidores, el smarthome (hogar inteligente) es probablemente el lugar donde es más probable que entren en contacto con objetos IoT, y es un área donde las grandes empresas tecnológicas (en particular Amazon, Google, Apple y últimamente recién llegados como Xiaomi) están compitiendo duro.

Los más obvios son los altavoces inteligentes, como el Echo de Amazon, pero también hay enchufes inteligentes, bombillas, cámaras, termostatos y el tan comentado frigorífico inteligente. Pero además de mostrar tu entusiasmo por los nuevos y divertidos aparatos, las aplicaciones domésticas inteligentes tienen un lado más serio. Pueden ayudar a mantener la independencia de las personas mayores y a que permanezcan más tiempo en sus casas, facilitando a familiares y cuidadores la comunicación con ellas y el seguimiento de su evolución. Un mejor conocimiento del funcionamiento de nuestras casas y la posibilidad de modificar los ajustes podrían ayudarnos a ahorrar energía, por ejemplo, reduciendo los gastos de calefacción.

La seguridad en el IoT

La seguridad es uno de los mayores problemas de la IoT. Los sensores recopilan en muchos casos datos extremadamente delicados: lo que tú dices dice y haces en tu propia casa, por ejemplo. Mantener esa seguridad es vital para la confianza del consumidor, pero hasta ahora el historial de seguridad de la IoT no ha sido demasiado cuidadoso. Demasiados dispositivos actuales IoT apenas tienen en cuenta los aspectos básicos de la seguridad, como el cifrado de los datos en tránsito y en reposo.

Periódicamente se descubren fallos en el software, incluso en código antiguo y bien utilizado, pero muchos dispositivos IoT carecen de la capacidad de actualizarse, lo que significa que están permanentemente en peligro. Los piratas informáticos están atacando activamente dispositivos IoT como routers y cámaras web porque su falta de seguridad inherente hace que sean fáciles de comprometer y convertir en gigantescas redes de bots manipulables por piratas.

Los fallos han dejado al alcance de los piratas informáticos dispositivos domésticos inteligentes como frigoríficos, hornos y lavavajillas. Los investigadores han descubierto 100.000 cámaras web que podrían piratearse con facilidad, mientras que algunos relojes inteligentes para niños conectados a Internet contienen vulnerabilidades de seguridad que permiten a los piratas informáticos rastrear la ubicación del usuario, escuchar conversaciones o incluso comunicarse con él.

Los gobiernos están cada vez más preocupados por estos riesgos. El Gobierno británico ha publicado sus propias directrices sobre la seguridad de los dispositivos IoT de consumo. Espera que los dispositivos tengan contraseñas únicas, que las empresas ofrezcan un punto de contacto público para que cualquiera pueda informar de una vulnerabilidad (y que se actúe en consecuencia), y que los fabricantes indiquen explícitamente durante cuánto tiempo recibirán actualizaciones de seguridad los dispositivos. Es una lista de requisitos modesta, pero es un comienzo.

Cuando el coste de fabricar objetos inteligentes sea insignificante, estos problemas se generalizarán y serán más difíciles de resolver.

Todo esto se aplica también a las empresas, pero lo que está en juego es aún mayor. Conectar maquinaria industrial a redes IoT aumenta el riesgo potencial de que los hackers descubran y ataquen estos dispositivos. Tanto el espionaje industrial como un ataque destructivo contra infraestructuras críticas son riesgos potenciales. Eso significa que las empresas tendrán que asegurarse de que estas redes están aisladas y protegidas, con cifrado de datos con seguridad tanto de sensores, como puertas de enlace y otros componentes una necesidad. Sin embargo, el estado actual de la tecnología IoT hace que esto sea más difícil de garantizar, al igual que la falta de una planificación coherente de la seguridad IoT en todas las organizaciones. Esto es muy preocupante si se tiene en cuenta la afición creciente de los piratas informáticos a manipular sistemas industriales conectados a Internet pero desprotegidos.

El IoT tiende un puente entre el mundo digital y el mundo físico, lo que significa que piratear dispositivos puede tener peligrosas consecuencias en el mundo real. Hackear los sensores que controlan la temperatura en una central eléctrica podría engañar a los operadores para que tomen una decisión catastrófica; tomar el control de un coche sin conductor también podría acabar en desastre.

La privacidad y el IoT

Con todos esos sensores recopilando datos de todo lo que haces, el Internet de las Cosas puede ser un quebradero de cabeza para la privacidad y la seguridad. Por ejemplo, el hogar inteligente: puede saber cuándo te despiertas (cuando se activa la cafetera inteligente) y lo bien que te lavas los dientes (gracias a tu cepillo de dientes inteligente), qué emisora de radio escuchas (gracias a tu altavoz inteligente), qué tipo de comida ingieres (gracias a tu horno o frigorífico inteligente), qué piensan tus hijos (gracias a sus juguetes inteligentes) y quién te visita y pasa por tu casa (gracias a tu timbre inteligente). Aunque las empresas ganarán dinero vendiéndole el objeto inteligente en primer lugar, su modelo de negocio IoT probablemente implique también la venta de al menos algunos de esos datos.

Lo que ocurra con esos datos es una cuestión de privacidad de vital importancia. No todas las empresas de hogares inteligentes basan su modelo de negocio en la recolección y venta de tus datos, pero algunas sí lo hacen.

Y vale la pena recordar que los datos IoT pueden combinarse con otros datos para crear una imagen sorprendentemente detallada de ti. No es difícil averiguar mucho sobre una persona a partir de unas pocas lecturas de sensores diferentes. En un proyecto, un investigador descubrió que analizando solo los datos del consumo energético de la casa, los niveles de monóxido de carbono y dióxido de carbono, la temperatura y la humedad a lo largo del día, podía averiguar qué iba a cenar una persona.

El IoT y la ciberguerra

La IO convierte la informática en algo físico. Por eso, si algo va mal con los dispositivos IoT, puede tener consecuencias importantes en el mundo real, algo que los países que planean sus estrategias de ciberguerra están teniendo en cuenta.

Los servicios de inteligencia estadounidenses han advertido de que los adversarios del país ya tienen la capacidad de amenazar sus infraestructuras críticas, así como “el ecosistema más amplio de dispositivos industriales y de consumo conectados conocido como Internet de las Cosas”. La inteligencia estadounidense también ha advertido de que los termostatos, cámaras y cocinas conectados podrían utilizarse para espiar a ciudadanos de otro país o para causar estragos si fueran pirateados. La incorporación al IoT de elementos clave de las infraestructuras críticas nacionales (como presas, puentes y elementos de la red eléctrica) hace aún más vital que la seguridad sea lo más estricta posible.

El IoT y los datos

Es probable que un dispositivo IoT contenga uno o varios sensores que utilizará para recopilar datos. Lo que recojan esos sensores dependerá de cada dispositivo y de su tarea. Los sensores de la maquinaria industrial pueden medir la temperatura o la presión; una cámara de seguridad puede tener un sensor de proximidad, además de sonido y vídeo, mientras que una estación meteorológica doméstica probablemente contenga un sensor de humedad. Todos estos datos de los sensores -y muchísimos más- tendrán que enviarse a alguna parte. Eso significa que los dispositivos IoT tendrán que transmitir datos y lo harán a través de Wi-Fi, 4G, 5G y más.

El analista tecnológico IDC calcula que en cinco años los dispositivos IoT generarán 79,4 zetabytes de datos (1 zeta byte es 10 elevado a la 21 datos). Algunos de estos datos IoT serán “pequeños y efímeros”, según IDC: una actualización rápida como la lectura de la temperatura de un sensor o la lectura de un contador inteligente. Otros dispositivos pueden generar enormes cantidades de tráfico de datos, como una cámara de videovigilancia que utilice visión por ordenador.

IDC afirma que la cantidad de datos creados por los dispositivos IoT crecerá rápidamente en los próximos años. La mayor parte de los datos los genera la videovigilancia, pero otros usos industriales y médicos generarán más datos con el tiempo.

Los drones también serán un importante motor de creación de datos mediante cámaras. A más largo plazo, los coches autoconducidos también generarán grandes cantidades de datos complejos en sensores, como audio y vídeo, así como datos de sensores de automoción más especializados.

IoT y el Big Data

El Internet de las Cosas genera enormes cantidades de datos: desde sensores conectados a piezas de máquinas o sensores ambientales, hasta las palabras que gritamos a nuestros altavoces inteligentes. Esto significa que el IoT es un motor importante de los proyectos de análisis de grandes volúmenes de datos, ya que permite a las empresas crear grandes conjuntos de datos y analizarlos. Proporcionar a un fabricante grandes cantidades de datos sobre el comportamiento de sus componentes en situaciones reales puede ayudarle a introducir mejoras mucho más rápidamente, mientras que los datos extraídos de los sensores de una ciudad podrían ayudar a los planificadores a mejorar la eficiencia del tráfico.

Esos datos se presentarán en formas muy diversas: solicitudes de voz, vídeo, temperatura u otras lecturas de sensores, y todos ellos podrán aprovecharse para obtener información. Como señala el analista IDC, la categoría de metadatos IoT es una fuente creciente de datos que hay que gestionar y aprovechar. “Los metadatos son los principales candidatos para ser introducidos en bases de datos NoSQL como MongoDB para estructurar contenidos no estructurados, o en sistemas cognitivos para aportar nuevos niveles de comprensión, inteligencia y orden a entornos aparentemente aleatorios“.

En concreto, el IoT aportará grandes cantidades de datos en tiempo real. Cisco calcula que las conexiones de máquina a máquina que soportan las aplicaciones IoT representan más de la mitad del total de 27.100 millones de dispositivos y conexiones, y supondrán el 5% del tráfico IP mundial en 2021.

IoT y la nube

La enorme cantidad de datos que generan las aplicaciones IoT significa que muchas empresas optarán por procesar sus datos en la nube en lugar de crear enormes cantidades de capacidad interna. Los gigantes de la computación en nube ya están cortejando a estas empresas: Microsoft tiene su suite Azure IoT, mientras que Amazon Web Services ofrece una gama de servicios IoT, al igual que Google Cloud.

IoT y las ciudades inteligentes

Al distribuir un gran número de sensores por una ciudad, los planificadores pueden hacerse una mejor idea de lo que está ocurriendo realmente, en tiempo real. Por eso, los proyectos de ciudades inteligentes son un elemento clave de la IoT. Las ciudades ya generan grandes cantidades de datos (de cámaras de seguridad y sensores ambientales) y ya contienen grandes redes de infraestructuras (como las que controlan los semáforos). Los proyectos de Internet de las Cosas pretenden conectarlas y dotar al sistema de mayor inteligencia.

Por ejemplo, hay planes para cubrir las Islas Baleares con medio millón de sensores y convertirlas en un laboratorio de proyectos de IoT. Un proyecto podría consistir en que el departamento regional de servicios sociales utilizara los sensores para ayudar a los ancianos, mientras que otro podría identificar si una playa está demasiado concurrida y ofrecer alternativas a los bañistas. En otro ejemplo, AT&T está lanzando un servicio para vigilar infraestructuras como puentes, carreteras y vías férreas con sensores habilitados para LTE para controlar cambios estructurales como grietas e inclinaciones.

La capacidad de comprender mejor el funcionamiento de una ciudad debería permitir a los planificadores introducir cambios y controlar cómo mejoran las condiciones de vida de sus habitantes.

Las grandes empresas tecnológicas ven en los proyectos de ciudades inteligentes un área potencialmente enorme, y muchas de ellas -entre ellas operadores de telefonía móvil y empresas de redes- se están posicionando para participar.

¿Cómo se conectan y comparten datos IoT y 5G?

Los dispositivos IoT utilizan diversos métodos para conectarse y compartir datos, aunque la mayoría empleará algún tipo de conectividad inalámbrica: los hogares y las oficinas utilizarán Wi-Fi estándar, Zigbee o Bluetooth Low Energy (o incluso Ethernet si no son especialmente móviles); otros dispositivos utilizarán LTE (entre las tecnologías existentes se incluyen Narrowband IoT y LTE-M, destinadas en gran medida a dispositivos pequeños que envían cantidades limitadas de datos) o incluso conexiones por satélite para comunicarse. Sin embargo, el gran número de opciones diferentes ya ha llevado a algunos a afirmar que los estándares de comunicaciones IoT deben ser tan aceptados e interoperables como lo es hoy el Wi-Fi.

Un área de crecimiento en los próximos años será sin duda el uso de redes 5G para sustentar proyectos de IoT. La 5G ofrece la posibilidad de albergar hasta un millón de dispositivos 5G en un kilómetro cuadrado, lo que significa que será posible utilizar un gran número de sensores en un área muy pequeña, haciendo más posibles los despliegues de IoT industrial a gran escala. El Reino Unido acaba de iniciar una prueba de 5G e IoT en dos “fábricas inteligentes”. Sin embargo, podría pasar algún tiempo antes de que los despliegues de 5G se generalicen: Ericsson predice que en 2025 habrá unos cinco mil millones de dispositivos IoT conectados a redes celulares, pero solo una cuarta parte de ellos serán IoT de banda ancha, y 4G conectará la mayoría de ellos.

Según Gartner, las cámaras de vigilancia de exteriores serán el mayor mercado de dispositivos IoT 5G a corto plazo, representando la mayoría (70%) de los dispositivos IoT 5G este año, antes de caer a alrededor del 30% a finales de 2023, momento en el que serán superadas por los coches conectados.

La empresa de análisis prevé que este año se utilicen 3,5 millones de dispositivos IoT 5G y casi 50 millones en 2023. A más largo plazo, la industria automovilística será el sector con más casos de uso de IoT 5G, según sus previsiones.

Una tendencia probable es que, a medida que se desarrolle el IoT, podrían enviarse menos datos para su procesamiento en la nube. Para mantener los costes bajos, podría hacerse más procesamiento en el dispositivo y enviar a la nube sólo los datos útiles, una estrategia conocida como “computación de borde”. Esto requerirá nuevas tecnologías, como servidores periféricos a prueba de manipulaciones que puedan recoger y analizar datos lejos de la nube o del centro de datos corporativo.

Datos IoT e inteligencia artificial

Los dispositivos IoT generan grandes cantidades de datos, como información sobre la temperatura de un motor, si una puerta está abierta o cerrada o la lectura de un contador inteligente. Todos estos datos IoT deben recopilarse, almacenarse y analizarse. Una forma que tienen las empresas de sacar el máximo partido de estos datos es introducirlos en sistemas de inteligencia artificial (IA) que los utilizarán para hacer predicciones.

Por ejemplo, Google ha puesto una IA a cargo del sistema de refrigeración de su centro de datos. La IA utiliza datos extraídos de miles de sensores IoT, que se introducen en redes neuronales profundas, y que predicen cómo afectarán las diferentes opciones al futuro consumo de energía. Gracias al aprendizaje automático y a la IA, Google ha conseguido que sus centros de datos sean más eficientes, y afirma que la misma tecnología podría utilizarse en otros entornos industriales.

Evolución de IoT: ¿Hacia dónde va la Internet de las Cosas?

A medida que el precio de los sensores y las comunicaciones sigue bajando, resulta más viable añadir más dispositivos a la IoT, aunque en algunos casos el beneficio para los consumidores sea poco evidente. La mayoría de las empresas que se dedican al IoT se encuentran en fase de prueba, en gran parte porque la tecnología necesaria -sensores, 5G y análisis basados en aprendizaje automático- aún se encuentra en una fase de desarrollo razonablemente temprana. Hay muchas plataformas y normas que compiten entre sí y muchos proveedores diferentes, desde fabricantes de dispositivos a empresas de software y operadores de redes, que quieren un trozo del pastel. Aún no está claro cuál de ellos se impondrá. Pero sin normas, y con la seguridad como problema constante, es probable que en los próximos años veamos más percances graves en la seguridad del IoT.

A medida que aumente el número de dispositivos conectados, nuestros entornos de vida y de trabajo se llenarán de productos inteligentes, siempre que estemos dispuestos a aceptar las ventajas y desventajas en materia de seguridad y privacidad. Algunos darán la bienvenida a la nueva era de las cosas inteligentes. Otros añorarán los días en que una silla era simplemente una cosa para sentarse con patas, sin estar conectada a nada.

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